
Según Francesco Morace, profesor de innovación social de la Universidad Politécnica de Milán, los cambios sociales y culturales han producido nuevos “paradigmas para el futuro”.
Cada vez tiene menos sentido hablar de la vida en línea frente a la vida fuera de línea, el mundo digital frente al mundo real. “Hoy en día debemos hablar de Onlife ya que todo está conectado. No estamos viviendo un cambio, sino una verdadera metamorfosis”, explica el sociólogo Francesco Morace, profesor de innovación social de la Universidad Politécnica de Milán, autor de más de 20 ensayos, consultor de empresas e instituciones y presidente de Future Concept Lab”. No se trata de una era de cambio, sino de un cambio de era”, añade, antes de identificar cuáles son, desde su punto de vista, los paradigmas irreversibles del futuro, que afectarán inevitablemente al sector de la movilidad y a su mercado de posventa.
Como era de esperar, el primer paradigma es el tiempo, explica Morace, ya que es opinión popular que todo es más rápido con la digitalización. “Sin embargo, debemos ser capaces de conciliar el tiempo con la calidad, con la profundidad -advierte-, la innovación necesita reflexión y un análisis profundo. Es demasiado fácil quedar atrapados en este proceso de aceleración, pero no podemos permitirnos el lujo de sentirnos confundidos por este escenario cada vez más rápido a toda costa”. Italia puede desempeñar un papel importante en este juego, ya que sabemos hablar el lenguaje de la “profundidad y la calidad”: por eso las exportaciones siempre han sido un pilar de nuestra economía nacional. Así, el primer paradigma identificado por el sociólogo es “rápido y profundo”, velocidad y calidad. “Es necesario ser sencillo pero no simplista, y efectivo – subraya Morace – debemos entender las complejidades y encontrar soluciones fáciles y fáciles de usar”.
El segundo paradigma puede definirse como “confianza y compartir”. “Sin una dimensión de compartir, en el centro de la cual hay confianza, no se conseguiría mucho; sí, además de compartir, necesitamos confianza”, dice Morace, un pilar de la “economía de la reputación” establecida no sólo en los intercambios económicos, sino también en la reputación construida a lo largo del tiempo. Tomemos, por ejemplo, una plataforma para compartir la casa en la que el inquilino me calificará y yo calificaré al inquilino a cambio”. “Debemos estar dispuestos a aceptar la idea de que somos juzgados, todos los días, por lo que hacemos”, dice Morace. Un concepto aún más importante para los jóvenes de hoy en día, para quienes la posesión de un coche ya no es el sueño que una vez fue para sus padres. ¿Pero los coches seguirán representando un valor para nuestros jóvenes? “Algunas generaciones y grupos específicos continuarán considerándolo valioso, pero en la actualidad, los automóviles son, entre los bienes privados, lo que marca la mayor brecha entre generaciones. El joven de hoy de 20 años -continúa- ya no siente la necesidad de tener un coche, se contenta con tener acceso a uno”.
El tercer paradigma, “único y universal”, se refiere a la unicidad en términos globales. “Tomar la idea de la globalización, como siempre la hemos conocido, y revertirla. El pensamiento global es una estafa americana, lo que realmente está sucediendo es exactamente lo contrario”. Piense por un momento en la singularidad de la comida, de los productos típicos, que pueden llegar a ser universales, proporcionando una medida de satisfacción a personas de otros países y culturas “personas que reconocen y aprecian el extraordinario valor de los productos y del estilo italiano”. “Significa seguir pensando localmente -explica Moraze- pero también comprender que este pensamiento debe estar abierto al mundo y ser universal”.
El cuarto paradigma es la sostenibilidad, “crucial y sostenible”. Por ejemplo, el uso de cabinas telefónicas en desuso en Colombia para crear el sistema “PayPhone Bank”, gracias al cual los pobres pueden depositar los pocos centavos que ganan en una cuenta por teléfono. “Una innovación que afecta a millones de personas, no sólo a una élite. Aquí no hay lugar para la ideología: la sostenibilidad es uno de los factores clave para el futuro”, concluye Morace.