
¿De qué sirve el progreso si éste excluye a trabajadores paraguayos? La ruta V, Concepción-Pedro Juan Caballero, el tramo autorizado por el gobierno nacional para el ingreso de camiones bitrenes brasileños que transportarán soja desde el Mato Grosso hasta el puerto franco del Brasil, en Concepción, forma parte de la Iniciativa de Integración Regional Sudamericana (IIRSA), un mega-emprendimiento de integración que conecta puntos estratégicos de países sudamericanos con el mercado mundial. La construcción de la ruta V, financiada en parte importante por el Brasil, formó parte de un acuerdo entre las dictaduras de Paraguay, a cargo de Alfredo Stroeessner, y Brasil, en manos entonces de Ernesto Geisel. El acuerdo es conocido como “Tratado de Amistad y Cooperación”, firmado en diciembre del año 1975.
Por Hugo Pereira
Luego de la culminación de la construcción de las rutas que conectan a Concepción con el resto del país, las primeras inversiones extranjeras que llegaron a la zona fueron brasileñas. La competencia por el recurso tierra se incrementó, el equivalente a una superficie mayor a la del distrito de Yby Yaú, el tercero más extenso del departamento de Concepción, pasó a manos de poco más de 200 terratenientes de origen brasileño. En todo el departamento de Concepción existen unos 17 mil propietarios de tierra. Solo poco más de 200 terratenientes brasileños tienen el 14% de las tierras de todo el departamento de Concepción, según el último censo agropecuario, del año 2008. En el año 1991 casi 400 propietarios de fincas, de ciudadanía brasileña, tenían apenas el 0,7% de las tierras de todo el departamento de Concepción.
El acaparamiento de tierras en Concepción no solo ha afectado a las poblaciones campesinas e indígenas, desplazadas en el marco de la violencia propia del paramilitarismo de las áreas rurales brasileñas donde las grandes actividades extractivistas avanzan sobre el territorio de poblaciones locales. También ha afectado y afecta a medianos terratenientes paraguayos cuyas propiedades tienen 50 y 100 hectáreas. Entre el año 1991 y el 2008, la superficie de tierras en manos brasileñas creció unas 15 veces más. Luego de la habilitación de las rutas diseñadas por la dictadura stronissta, Concepción perdió en pocos años, además de su cobertura boscosa, un importante número de habitantes que no encontró en su área de residencia las condiciones para el desarrollo de una vida con ingresos dignos.
La oposición al ingreso de camiones bitrenes, con mayor capacidad para transportar soja de Mato Grosso hasta el puerto de Concepción, lo que abaratará notablemente el transporte del grano, para los productores brasileños, quienes además tendrán los beneficios impositivos que implica trasladar su producción hasta un puerto franco del Brasil, el de Concepción, es presentado por los partidarios de los ingresos de los camiones bitrenes como una oposición al “progreso” de Concepción, asociándola al atraso.
En realidad los camioneros paraguayos no están de ninguna manera en contra del gran movimiento económico que generará el transporte de soja brasileña. Al contrario, desean transportarla y obtener ingresos con ello. Sería absurdo, para los camioneros, oponerse a ese “progreso”. La entrada de camiones bitrenes brasileños lo perciben como la oportunidad de generación de ingresos que se les va de la mano justo ahora que llegará el “progreso”. En momentos que en los partidarios del ingreso de bitrenes hablan de los “beneficios económicos” que ello representará, si se confirman los temores de los camioneros, todo indica que serían los primeros excluidos de la llegada de ese “progreso” a Concepción. La pregunta es: ¿quiénes serán los siguientes excluidos?
Ni los que están en contra de la entrada de camiones bitrenes brasileños, y mucho menos los que están a favor, se oponen a que Concepción sea, como dicen algunos, el “principal puerto brasileño del río Paraguay”. La discusión real gira en torno a la posibilidad de que los camioneros paraguayos se queden con las manos vacías. Es decir, estamos hablando de la posibilidad de exclusión de trabajadores paraguayos. Ese es el punto que está en juego para los camioneros y lo que muestra que el supuesto “progreso” es en realidad excluyente. Nada garantiza que el acuerdo que establece el transporte del 50% de la carga por parte de camioneros paraguayos se cumpla. El capital tiene numerosas formas de obviar acuerdos y leyes.
Las élites de Concepción, empresarial y política, se pusieron durante el gobierno de la dictadura stronissta, como en estos días, al servicio de intereses foráneos, quedando relegadas a un papel secundario de tener un poder formal que beneficia desde las instituciones locales del Estado a quienes consolidan una economía de enclave, entendida como una cada vez más pronunciada dependencia de la zona de actores brasileños, interconectados a su vez con el mercado internacional. La dictadura de Stroessner diseñó obras viales que conectaron el norte paraguayo con el mercado mundial pero han excluido a la población local.
Una vez más las decisiones tomadas en nombre del progreso y la modernización terminarán por no generar las condiciones prometidas por el poder político y fáctico. Las obras realizadas anteriormente en nombre del progreso, como las rutas que conectan a Concepción con el mercado mundial, terminaron siendo altamente beneficiosas al capital brasileño transnacional. No crearon las condiciones para acabar con la pobreza de la población norteña. Si no fuese así, si la población tuviera un mejor nivel de vida, luego de la “llegada del progreso”, la misma élite comercial y ganadera de Concepción no se referiría a la pobreza como la causa de una hipotética subversión campesina.
Las obras que en el pasado prometieron mejorar las condiciones de vida de la población norteña no lograron ese supuesto objetivo. Todo indica que la decisión de permitir el ingreso de camiones bitrenes, apoyado por el gremio que aglutina a los comerciantes de Concepción y autoridades locales, no tendrá un futuro diferente. Mientras en estos días se justifica como “progreso” tal decisión, no se discute, ni siquiera se piensa, en la pérdida de soberanía nacional que implicará el hecho de que Concepción se convierta en el “principal puerto del Brasil en el norte paraguayo”.
El ingreso de camiones bitrenes brasileños es el resultado “natural” de los acuerdos de alto nivel entre Paraguay y Brasil que posibilitan que el norte paraguayo, en especial Concepción, forme parte de la esfera económica brasileña, una dependencia que será cada vez mayor. La élite comercial y política de Concepción, que declama poemas de patriotismo, parece no estar interesada en absoluto en este aspecto clave. En Concepción, las obras hechas en nombre del “progreso”, contra el “atraso”, siempre terminaron excluyendo a la población local y afectando la soberanía nacional. No todos los concepcioneros creemos en la promesa de prosperidad del ingreso de los camiones bitrenes, y no todos los concepcioneros seremos arrastrados por las convocatorias de operadores políticos a manifestaciones que buscan mostrar la falsa imagen de que todo el departamento de Concepción apoya, sin cuestionamiento alguno, la decisión del gobierno cartista.